Cinco cambios y un mensaje: España está de vuelta

Tres goles en 24 minutos, un cuarto en propia puerta nada más volver de vestuarios, debut goleador de Lamine Yamal como titular y un seleccionador que respondió a la crítica con cinco cambios en el once. Los datos de Opta confirman que España no solo goleó: corrigió. Y ahora puede salir a Houston a sentenciar el grupo contra una Uruguay tocada que llega obligada a ganarle.

Hay seleccionadores que pierden la calma cuando los critican. Hay otros que toman nota y se callan. Y hay un tercer tipo, el más raro y el más valioso, que pierde la calma por dentro, no lo dice en público, y luego rectifica con la pizarra. Luis de la Fuente acaba de demostrar, en cinco días, que pertenece a esa tercera categoría. Y lo ha hecho, además, el día de su 65 cumpleaños.

Cinco días después del empate sin goles contra Cabo Verde, que en este medio analizamos como un partido lleno de costuras (sin nueve real, banquillo dormido, falta de verticalidad, ausencia del uno contra uno hasta el minuto 71), el seleccionador hizo lo que pocos seleccionadores hacen entre dos partidos de una misma fase de grupos: cambió cinco jugadores del once titular. Cinco. Pedro Porro por Marcos Llorente. Álex Baena por Gavi. Lamine Yamal titular en lugar de salir del banquillo. Mikel Merino por Fabián Ruiz. Y Dani Olmo como falso nueve desde el pitido inicial en vez de Ferran Torres.

Las cinco modificaciones son, exactamente, las cinco que nosotros (y casi todo el análisis español serio) señalamos como necesarias después del partido contra Cabo Verde. De la Fuente leyó la pizarra, leyó la prensa, leyó al equipo, y respondió con la mano firme. El resultado fue lo que se vio en el Atlanta Stadium: 4-0, tres goles en los primeros 24 minutos, un cuarto nada más arrancar la segunda parte, debut goleador de Lamine como titular, doblete de Oyarzabal y la candidatura de España al título reabierta en una sola tarde.

Pero esta crónica no va a quedarse en celebrar el marcador. Porque la pregunta interesante, ahora, no es por qué España ganó. Es qué cambió exactamente para que ganara así. Y para responder con precisión, no con narrativa, hay que ir a los números reales del partido. A los de Opta, que son los que cuentan.

Los cuatro goles, uno a uno

El 1-0, minuto 10. Nace de la verticalidad que faltó contra Cabo Verde. Álex Baena recibe en zona de creación, levanta la cabeza y filtra un balón a la espalda de la defensa saudita para Oyarzabal. El delantero de la Real Sociedad controla dentro del área, mira al centro y asiste a Lamine Yamal, que aparece en el área pequeña para empujar el primero. Tres jugadores, tres movimientos, una grieta abierta. Eso es exactamente lo que España no hizo ni una vez en el partido anterior.

El 2-0, minuto 21. A balón parado. Saque de esquina que Oyarzabal resuelve con astucia dentro del área, anticipándose a su marcador. El juego aéreo y las jugadas ensayadas, dos asignaturas que España aprobó esta vez con nota.

El 3-0, minuto 24. La jugada más trabajada. Centro desde el costado, Cucurella baja el balón de cabeza, Dani Olmo lo toca casi de carambola y la pelota le cae a Oyarzabal, solo en el segundo palo, que define para su doblete. El falso nueve (Olmo) apareció en la jugada del tercero. La decisión de De la Fuente, en acción.

El 4-0, minuto 49. Nada más volver de vestuarios, con Lamine y Oyarzabal ya sustituidos. Córner, disparo a bocajarro de Cucurella que el portero Alowais desvía, y el balón rebota en Hassan Tambakti antes de entrar en su propia portería. Autogol, sí, pero forzado por la insistencia ofensiva española.

Lo que dicen los datos

Antes de seguir con la pluma, los hechos. Lo que pasó en Atlanta, medido con bisturí.

Posesión: 67,1% España, 32,9% Arabia Saudita. España no solo tuvo el balón, dominó territorialmente.

Disparos totales: 22 a 3. Disparos a puerta: 8 a 2. Disparos dentro del área: 13 a 0. Sí, Arabia Saudita no remató ni un solo balón dentro del área española en todo el partido. Sus tres disparos vinieron desde fuera. Eso es dominación absoluta.

Córners: 6 a 1. Posesiones perdidas en campo propio: 14 España, 39 Arabia. Posesiones perdidas en campo medio: 33 España, 49 Arabia. La presión española fue, efectivamente, asfixiante. Arabia perdió casi tres veces más balones cerca de su área que España cerca de la suya.

Y luego están los datos que matizan la lectura fácil del 4-0 y que son los que más interesa contar, porque rompen el relato perezoso. Duelos totales: 66 España, 70 Arabia. Tasa de éxito en duelos: 43,9% España, 52,9% Arabia. Regates exitosos: 7 España, 8 Arabia. Faltas recibidas: 2 España, 10 Arabia.

¿Qué significa esto? Que Arabia Saudita ganó más duelos individuales que España y, sobre todo, que cuando España presionaba, lo hacía rozando la falta. Diez faltas a favor de Arabia es una cifra alta, y habla de una intensidad española que se sostuvo durante 90 minutos pero a veces cruzó la línea reglamentaria. La presión a fondo tiene su precio.

Donde España sí fue dominante de manera incontestable fue en el aire. Duelos aéreos ganados: 73,3% España, 26,7% Arabia. Cubarsí, Laporte y Oyarzabal mandaron en el juego aéreo, y no es casual que el 2-0 naciera de un córner y el 4-0 de otro.

Los números, por tanto, cuentan una historia con dos capas: España dominó el partido, encerró al rival y goleó con justicia. Pero no fue un paseo físico. Fue una victoria construida a base de presión sostenida, juego aéreo y eficacia. Arabia, lejos de hundirse en el cuerpo a cuerpo, compitió. Conviene retener este dato cuando lleguen rivales más serios.

Las cinco mejoras concretas

Lamine Yamal cambia el partido desde el minuto cero, no desde el 71. El gran error de gestión del partido contra Cabo Verde fue sentar al chico del Barcelona hasta el último cuarto de hora. Y los datos de Opta lo dejaron por escrito en su día: Lamine, entrando en el 71 contra Cabo Verde, intentó cinco regates él solo, más que los titulares Gavi (0) y Ferran Torres (3) juntos. Contra Arabia Saudita, De la Fuente lo puso de inicio y le dio la banda derecha. Lamine marcó a los diez minutos, generó acciones de uno contra uno constantes y obligó a la defensa saudita a doblar marcas sobre él, lo que abrió las vías centrales. A los 18 años y 343 días, se convirtió en el octavo goleador más joven de la historia de los Mundiales, por delante de Messi en esa lista y solo por detrás de Gavi entre los españoles. De la Fuente, esta vez, no lo guardó para el final. De hecho, pudo permitirse retirarlo en el descanso con el partido ya sentenciado.

Olmo como falso nueve desde el minuto uno funciona mejor que Ferran. La diferencia parece sutil pero es enorme. Ferran necesita carriles libres para correr al espacio, y contra un bloque bajo no los encuentra. Olmo, en cambio, vive entre líneas, baja a recibir y combina por dentro con criterio. Contra Arabia participó en la jugada del tercer gol con ese toque que dejó a Oyarzabal solo. No es que Olmo sea un nueve. Es que es un mediapunta avanzado que en un sistema sin nueve real funciona como conector ideal. Ferran, para ese papel, no termina de encajar.

Baena por Gavi es una rectificación de perfil. Gavi es un interior puro de Champions, lo es y lo será. Pero no es un mediapunta de banda contra defensas replegadas, que era lo que el partido contra Cabo Verde le pedía. Baena, en cambio, es un creador que sabe filtrar el pase entre líneas que España necesitaba. Su asistencia a Oyarzabal en el primer gol (balón a la espalda de la defensa) es un manual de cómo se rompe una defensa que espera. Decisión valiente del seleccionador, premiada en diez minutos.

Pedro Porro libera a la banda derecha. Marcos Llorente cumplió contra Cabo Verde sin destacar. Pedro Porro, en cambio, es un lateral con desborde y con centro. La banda derecha pasó de ser una zona estática a ser una vía constante de generación, y eso liberó a Lamine para encarar por dentro cuando le doblaban la marca por fuera. Porro, además, tuvo ocasiones de marcar él mismo en la segunda parte.

Merino añade gol desde segunda línea. Fabián Ruiz es un centrocampista de jerarquía, pero su perfil es de combinar entre líneas. Merino, que entró en el 61, llega al área. Y un equipo sin nueve real necesita exactamente eso: que alguien aparezca por detrás para rematar. Es el tipo de recurso que España no tuvo contra Cabo Verde y que ahora aparece en el banquillo.

Las dos cosas que Opta no maquilla

Y aquí entra el bisturí honesto, porque celebrar un 4-0 sin mirar las cifras incómodas es trabajo de aficionado, no de analista. Dos datos exigen ser comentados antes del partido contra Uruguay.

La tasa de éxito en duelos. España ganó solo el 43,9% de los duelos individuales que disputó. Es decir, perdió más duelos uno a uno de los que ganó. Contra Arabia Saudita eso no costó goles porque España generó tanto que las ocasiones llegaron igual. Pero contra Uruguay, un equipo que vive precisamente del duelo individual y físico, esa cifra es una luz amarilla seria. Federico Valverde no es Saud Abdulhamid. Manuel Ugarte no es Salem Al-Dawsari. Si España no mejora su porcentaje de duelos ganados, Uruguay le va a robar balones en zonas peligrosas. Y Uruguay, a diferencia de Arabia, sí los va a aprovechar.

Las diez faltas concedidas. Es una cifra de equipo que presiona arriba con poca limpieza. Frente a un colegiado de partido grande, esas mismas acciones pueden costar amarillas tempranas y condicionar un partido entero. Pedri ya vio amarilla contra Cabo Verde. Cualquier jugador con una amarilla previa que vea otra contra Uruguay se perdería el cruce de octavos. La presión hay que mantenerla, pero más limpia.

La otra cara de la moneda: Uruguay se hunde

Para entender el partido que viene, hay que mirar también lo que pasó simultáneamente en Miami. Mientras España corregía, Uruguay confirmaba sus males. Bielsa puso un 4-3-3 con Federico Viñas de nueve (no Darwin, otra vez) y cambió dos piezas respecto al debut: Sanabria por Viña y Canobbio por Darwin Núñez.

Cabo Verde se adelantó en el minuto 21 con un tiro libre lejano de Kevin Pina (primer gol de la historia mundialista de Cabo Verde) que sorprendió a Muslera con la barrera mal plantada. Uruguay reaccionó al final del primer tiempo y dio la vuelta con el 2-1 al borde del descanso (Maxi Araújo en el 43 captando un rebote, y Canobbio en el 45+5 tras asistencia del propio Araújo a centro de Valverde). Parecía controlado. Y en el minuto 69, lo que tenía que pasar pasó: pérdida de Mathías Olivera en zona defensiva, mala salida de Muslera y Hélio Varela empujó el 2-2 que dejó a Uruguay contra las cuerdas.

Dos partidos, dos empates, cuatro goles encajados en dos jornadas, varios por errores propios. Bielsa lo reconoció en directo. «Lo determinante para el resultado fue que cedimos el protagonismo en algún momento en que lo conveniente hubiera sido mantener la presión sobre el rival.» Autocrítica pública. El proyecto de Bielsa con Uruguay, que llegó al Mundial como una de las posibles sorpresas del torneo, está mostrando exactamente los problemas que algunos veían en la previa: dudas defensivas, dificultades para sostener el dominio durante 90 minutos y un debate ofensivo sin resolver.

Cómo afronta España el sábado para ser primera

Y aquí está el meollo. Vamos a las matemáticas, porque condicionan toda la lectura táctica. España tiene 4 puntos. Uruguay tiene 2. Cabo Verde tiene 2. Arabia Saudita tiene 1. Con esa tabla, el escenario es claro: España, ganando o empatando contra Uruguay, termina primera de grupo. Le vale el empate. Solo perdería el primer puesto si cayera contra Uruguay y, simultáneamente, Cabo Verde superara a Arabia Saudita.

Uruguay, en cambio, llega obligada a ganar. Y a ganar bien, porque incluso ganando puede no clasificarse según lo que haga Cabo Verde. La asimetría táctica del partido del sábado, por tanto, es enorme: España necesita un empate; Uruguay necesita un triunfo. ¿Cómo debe afrontar España ese contexto? Tres cuestiones.

¿Especular o competir? La tentación es replegar y gestionar. Y es la trampa más peligrosa. Los datos lo confirman: cuando España apretó arriba contra Arabia, el rival perdió 39 balones en campo propio. Cuando España no apriete, Uruguay no perderá esos balones. Esta España es buena imponiendo ritmo, no gestionando ventajas. La respuesta correcta es la de Atlanta: presionar arriba y hacer del partido un duelo técnico, no físico. Porque si se convierte en un cuerpo a cuerpo, el 43,9% de duelos ganados de Atlanta avisa de lo que puede pasar.

¿Mantener el once de Atlanta? La tentación es repetir, porque funcionó. La pregunta legítima: ¿Olmo de nueve o Ferran? Contra una Uruguay que saldrá a por el partido y no se replegará como Arabia, Ferran podría encontrar más espacio para correr al desmarque. No sería un disparate. Pero Olmo, hoy por hoy, da cosas que Ferran no da, y el sistema funcionó. No se cambia lo que funciona sin un argumento muy claro.

¿Lamine, qué carga? Contra Arabia jugó 45 minutos y bastó. Empezar con él y gestionar su salida, como en Atlanta, es lo razonable. Lo que no debe repetirse es lo del Cabo Verde: sentarlo y meterlo en el 71. Eso ya está aprendido.

La lectura grande

España llega al sábado en una posición que hace cinco días parecía imposible. Está virtualmente clasificada, depende de sí misma para ser primera, ha demostrado que tiene plan B y voluntad de ejecutarlo, y vuelve a generar la sensación de equipo que puede ganar el Mundial. Uruguay, por su parte, llega a un partido en el que, incluso ganando, puede no clasificarse. Esa asimetría psicológica es lo más importante del fin de semana.

De la Fuente ha demostrado en cinco días algo que vale mucho: que escucha y rectifica. No todos los seleccionadores que ganan Eurocopas lo hacen. España tiene a uno que sí. Pero los datos de Opta dejan dos avisos que ninguna celebración del 4-0 debe tapar: la tasa de duelos ganados (43,9%) y las diez faltas concedidas. Contra Uruguay no van a perdonar esos detalles. Y un partido a empatar contra Bielsa nunca es un partido fácil.

Lo dijo el propio Lamine al acabar, y resume el momento del equipo: «Empatar un partido que sabes que deberías haber ganado duele. Nos hizo reflexionar mucho y nos ayudó a afrontar este partido como queríamos.» Esa reflexión se tradujo en cinco cambios y una goleada. La pregunta es si se traducirá también en saber competir el partido grande.

España no tiene que jugar a no perder. Tiene que jugar a ganar a Uruguay como ganó a Arabia Saudita. Si lo hace, terminará primera y entrará en eliminatorias con la confianza de un campeón vigente. Si especula, se va a pegar un susto. Y los sustos en eliminatorias se pagan caros.

El sábado, en Houston, hay partido grande. España llega con cinco cambios validados por los datos, una candidatura reabierta y un seleccionador que ya ha demostrado que sabe corregir. Ahora le toca demostrar que también sabe rematar.

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