Nueve entrenadores nuevos, un récord absoluto en la historia del fútbol inglés y un técnico de treinta y tres años que ya es el quinto más veterano de la liga. La competición más rica del mundo ha decidido que el tiempo es un lujo prescindible, justo cuando sus dos proyectos más exitosos demuestran lo contrario.
Conviene empezar por el dato que mejor resume lo que ha pasado este verano en Inglaterra, aunque a primera vista parezca una errata. Fabian Hürzeler tiene treinta y tres años, lleva dos temporadas en el Brighton y es, cuando el viernes arranque la Premier League, el quinto entrenador con más antigüedad de toda la competición.
Léase otra vez, porque el sentido no está en su juventud sino en lo que revela sobre los demás. Un hombre nacido en 1993, que llegó a Inglaterra hace veinticuatro meses procedente del St. Pauli y cuya carrera como primer entrenador empezó en diciembre de 2022, lleva más tiempo en su puesto que dieciséis de sus diecinueve colegas. No porque él haya durado mucho, sino porque el resto ha durado menos.
Nueve clubes de los veinte estrenan entrenador esta temporada. Es la cifra más alta jamás registrada en el arranque de una temporada de la primera división inglesa, y supera el récord anterior, que databa de la 2016/17, cuando ocho equipos cambiaron de banquillo en el verano que trajo a Pep Guardiola al Manchester City y a Antonio Conte al Chelsea. Antes de aquello hubo siete en 1995/96 y seis en 2012/13. La progresión es lenta durante tres décadas y de pronto se dispara.
Y no hablamos de clubes menores buscando su sitio. Hablamos del Manchester City, que abre la era posterior a Guardiola con Enzo Maresca después de diez años que reescribieron el fútbol inglés. Del Liverpool, donde Andoni Iraola ocupa el hueco de Arne Slot. Del Chelsea, que ha apostado por Xabi Alonso. Del Newcastle, que ha llamado a Matthias Jaissle. Cuatro equipos que jugaron la Liga de Campeones la temporada pasada y que empiezan la siguiente explicándole a la plantilla cómo se va a jugar a partir de ahora.
El resultado es una liga en la que Roberto De Zerbi, que llegó al Tottenham el 31 de marzo de este mismo año, y Michael Carrick, confirmado en el Manchester United después de haber entrado como interino a mitad de la temporada pasada, pasan por veteranos. Y en la que el Arsenal, con Mikel Arteta afrontando su séptima campaña completa, parece un monumento a la estabilidad.
La reforma más barata
Un equipo que no rinde tiene tres maneras de responder. Puede cambiar la plantilla, lo que significa gastar cientos de millones, asumir amortizaciones a cinco años y confiar en que los fichajes se adapten. Puede esperar, lo que significa aguantar la presión de una afición, de unos accionistas y de un ecosistema mediático que mide en semanas. O puede cambiar al entrenador, que cuesta una indemnización, se ejecuta en cuarenta y ocho horas y produce el efecto óptico inmediato de que se ha hecho algo. Las tres opciones tienen un precio, pero solo una lo tiene visible y limitado.
Por eso el despido se ha convertido en el instrumento de gestión favorito del fútbol contemporáneo, y no solo en Inglaterra. Es la reforma que menos dinero cuesta, la que más rápido se anuncia y la única que permite a un club presentarse ante su público como una institución que reacciona. El problema es que se aplica a la única pieza del sistema cuyo trabajo necesita precisamente lo contrario: repetición y tiempo.
Porque una idea de juego no se instala en una pretemporada. Los automatismos, que son lo que separa a un equipo de un grupo de futbolistas buenos, se construyen a base de meses de repetir el mismo movimiento hasta que deja de pensarse. Un entrenador que llega en junio tiene tres semanas para transmitir su idea y unos cuarenta partidos para demostrar que funciona, sabiendo que si en octubre lleva cuatro derrotas nadie le va a preguntar cuántos automatismos ha conseguido instalar.
Lo que dice la evidencia y lo que hace el mercado
El equipo que ha ganado la Premier League es el Arsenal, y lo ha hecho con un entrenador que llevaba seis temporadas completas en el cargo y que había pasado por dos años sin ganar nada, por un tercer puesto, por dos subcampeonatos y por una cantidad considerable de artículos preguntándose si merecía seguir. Mikel Arteta ganó el título veintidós años después del anterior de su club, y lo ganó en su séptimo intento. Y el equipo que dominó la competición durante la década anterior es el Manchester City, que mantuvo a Guardiola diez años. Diez. En una liga donde ahora un técnico con dos temporadas figura entre los cinco más antiguos.
Es decir, los dos proyectos más exitosos del fútbol inglés reciente comparten exactamente el mismo ingrediente, que es el que la liga está desechando en masa. La evidencia apunta en una dirección y las decisiones de los clubes apuntan en la contraria, lo cual ocurre con más frecuencia de la que nos gustaría admitir en un deporte que presume de analizar datos.
Existe además un contrapunto estadístico que refuerza la incomodidad: es extremadamente raro que un entrenador gane la liga en su primera temporada. Arne Slot fue la excepción reciente, y precisamente por eso se recuerda. Los nueve técnicos que debutan el viernes afrontan, por tanto, un examen que la historia dice que casi nadie aprueba a la primera, con una paciencia que la propia liga acaba de demostrar que ya no tiene.
Un fenómeno que también habla de nosotros
Merece la pena señalar que esto no es una excentricidad británica, porque hemos visto exactamente el mismo razonamiento este verano a doscientos kilómetros de Madrid. Osasuna se salvó del descenso en la última jornada, ingresó veinte millones por la venta de Víctor Muñoz y decidió no rehacer la plantilla. Mantuvo el bloque, gastó una parte pequeña en dos futbolistas jóvenes y cambió al entrenador. La dirección deportiva concluyó que el problema del curso anterior no estaba en los futbolistas sino en quien los dirigía, y actuó en consecuencia.
Lo interesante será comprobar, dentro de nueve meses, cuántos de esos nueve entrenadores siguen sentados donde se sentarán el viernes. Si la tendencia de la última década se mantiene, algunos no llegarán a mayo, y sus clubes volverán a hacer exactamente lo mismo, convencidos de que esta vez sí han acertado con el nombre. Hürzeler tiene treinta y tres años y es el quinto más veterano de la Premier League. Dentro de dos temporadas, si nada cambia, probablemente sea el primero. Y seguirá teniendo menos de cuarenta.

