Los niños del Levante: mérito o necesidad

Un futbolista de quince años debutó hace ocho días en Cornellà. Otro de diecisiete, que cumple dieciocho esta semana, ha sido titular en El Sadar. Los dos son canteranos granotas y los dos han jugado en un club que llega a cada jornada inscribiendo futbolistas sobre la bocina. El fútbol usa la misma palabra para las dos cosas.


El 16 de agosto, en el minuto sesenta y cuatro de un partido que el Levante perdía por dos goles y en el que todavía no había disparado ni una sola vez a puerta, Luis Castro mandó calentar a un chico nacido en Massanassa con quince años y doscientos ochenta y ocho días. Marc Santos entró por Iván Romero, jugó media hora larga como extremo izquierdo pese a ser lateral, apenas tocó el balón y su equipo acabó encajando un tercero. Al día siguiente, todos los medios del país contaban lo mismo: acababa de convertirse en el tercer debutante más joven de la historia de LaLiga, por detrás únicamente de Luka Romero y de Francisco Bao, Sansón, que se estrenó con el Celta en 1939. Por delante, entre otros, de Lamine Yamal, al que superó por dos días exactos.

Ocho días después, en El Sadar, el lateral derecho titular del Levante fue Nacho Pérez, que cumple dieciocho años esta semana, que sigue inscrito con ficha del filial y que aguantó setenta y ocho minutos antes de que Toljan ocupara su sitio. El partido terminó sin goles, con veinte mil doscientos cuarenta y un espectadores en la grada y con los pitos de un público navarro que esperaba más de los suyos. Dos futbolistas de la cantera granota, dos semanas seguidas, dos titulares de periódico prácticamente idénticos. Y una pregunta que nadie ha formulado y que conviene formular, porque de ella depende bastante más de lo que parece.

Lo que sabemos y lo que no

Empecemos por lo verificable, que es poco pero suficiente para incomodar. Nacho Pérez debutó en Primera División el pasado 16 de febrero, en el derbi contra el Valencia, con diecisiete años y ciento sesenta y siete días. Las crónicas de aquella noche coinciden en un detalle que en su momento pasó desapercibido y que ahora conviene recuperar: jugó porque las bajas en el lateral derecho abrieron la puerta. No fue una decisión de proyecto, fue una decisión de urgencia. Y sin embargo respondió bien, con una solvencia defensiva que le valió el elogio público de su entrenador y una permanencia en la plantilla que ya dura seis meses.

Marc Santos, por su parte, entró en Cornellà cuando el partido ya estaba perdido, en el escenario clásico en el que un entrenador reparte minutos porque no queda nada que arriesgar. Y el Levante, mientras tanto, ha llegado a las dos primeras jornadas del campeonato con problemas de inscripción. En la primera, según las previas especializadas, hubo sorpresa a escasos minutos del comienzo. En la segunda, la de anoche, el club consiguió inscribir a casi todos sus futbolistas sobre la bocina, quedándose fuera Musuayi. Días antes del partido, nombres como Hugo Sotelo o Thiago Fernández seguían sin estar registrados. Lo que no sabemos, y esto es lo importante, es si las dos cosas están relacionadas. Puede que sí, puede que no y puede que un poco. Lo que sí sabemos con certeza es que el club las cuenta de una sola manera.

Una palabra para dos fenómenos distintos

El fútbol español dispone de una expresión maravillosa y tramposa que sirve para explicarlo todo: apostar por la cantera. Se usa cuando un club promociona a un talento excepcional antes de tiempo porque no puede permitirse esperar a que lo fiche otro, y se usa exactamente igual cuando un club saca a un chaval porque no le queda nadie más. Son dos situaciones que no se parecen en nada y que producen consecuencias opuestas, pero se narran con las mismas palabras y se celebran con los mismos titulares.

La diferencia no es una sutileza semántica, porque es exactamente lo que determina qué le ocurre después al futbolista. Un chico que debuta porque un entrenador ha decidido que está listo entra en un plan. Hay minutos calculados, hay un puesto pensado, hay una progresión y hay alguien vigilando que la exposición no le supere. Un chico que debuta porque no hay otro entra en un vacío. Juega donde haga falta, en el momento en que haga falta y durante el tiempo que haga falta, y cuando el club resuelve su problema desaparece de la convocatoria sin que nadie le explique por qué. El primero se convierte en futbolista y el segundo se convierte en una anécdota estadística, en un dato para las listas de precoces que se recuperan cada vez que otro niño debuta.

Y esas listas, conviene mirarlas de cerca, no son un pronóstico. Sansón debutó con el Celta en 1939 y hoy solo lo recuerda quien busca el dato. Pedro Irastorza se estrenó con la Real Sociedad en 1934 con exactamente la misma edad que Marc Santos y su nombre no le dice nada a nadie. Luka Romero, que sigue siendo el más joven de todos, tiene hoy veintiún años y una carrera que no se parece en absoluto a la que se le pronosticó aquella tarde de junio de 2020 en Mallorca. Lamine Yamal es la excepción que hace que todos los demás parezcan promesas cuando en realidad son solo fechas.

Lo que dijo el club sin darse cuenta

Hay un testimonio que merece rescatarse, porque lo firma alguien de la casa y porque dice bastante más de lo que probablemente pretendía. Joaqui Navarro, director de la cantera granota, habló de Marc Santos después de su debut y describió su evolución con orgullo, subrayando que es un chico responsable y trabajador y que ha jugado en varias posiciones para encontrar dónde puede rendir mejor.

Pero en esa misma intervención añadió una frase que suena a advertencia interna más que a celebración: dijo que hay que gestionar bien los momentos en los que se acelera el proceso de los jugadores, porque hay que tener cuidado con sus expectativas, y que el cuerpo técnico debe ayudarles a asentarse y facilitarles la adaptación. Es decir, el propio club sabe perfectamente que acelerar tiene un coste. Lo dice el hombre que lleva viendo crecer a ese chaval desde que era prebenjamín, y lo dice justo el día en que el resto del país celebra un récord.

La pregunta que hay que hacerse en mayo

Nada de lo anterior significa que el Levante esté haciendo las cosas mal. Nacho Pérez lleva una década en el club, renovó el pasado septiembre, ha jugado dos partidos de Copa y ya suma minutos en Primera con una nota razonable, y anoche compitió setenta y ocho minutos en un campo difícil sin desentonar. Todo eso apunta a mérito. Y el club, con las cuentas que tiene, difícilmente podría permitirse fichar laterales de treinta millones aunque quisiera.

Lo que significa es que la respuesta no la vamos a saber ahora, y que quien la dé hoy con seguridad está adivinando. Se sabrá en mayo, cuando comprobemos si Nacho Pérez ha jugado veinticinco partidos o cuatro, y si Marc Santos ha vuelto a entrar en una convocatoria o ha regresado al filial a esperar. Si el primero se consolida y el segundo crece con calma, habremos asistido a una apuesta por la cantera de las de verdad. Si ambos desaparecen en cuanto el club resuelva sus problemas administrativos, habremos asistido a otra cosa, que también tiene nombre en el fútbol español aunque casi nunca se use: tirar de lo que hay.


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