Hoy empieza el torneo más grande de la historia del fútbol. Esta es la única previa que necesitas leer antes del pitido inicial.
Hay un dato que resume este Mundial mejor que ningún otro: cuando hoy ruede el balón en el Estadio Banorte, el coloso que el mundo sigue llamando Azteca, ese estadio se convertirá en el primero de la historia en albergar partidos de tres Copas del Mundo distintas. 1970, 1986, 2026. Pelé, Maradona y lo que venga ahora.
Y lo que viene ahora es un exceso. 48 selecciones, el 50% más que nunca. 104 partidos, 39 días, tres países, 16 ciudades, distancias de vuelo transcontinental entre fase de grupos y eliminatorias. Cinco selecciones debutantes. Dos de las tres naciones menos pobladas que jamás hayan pisado un Mundial. Un campeón de África proclamado en un despacho dos meses después de perder la final en el campo. Messi y Cristiano a punto de convertirse en los primeros futbolistas en disputar seis Copas del Mundo. Y una pregunta que sobrevuela todo: ¿puede un torneo tan grande seguir siendo un buen torneo?
Nuestra respuesta: sí, pero solo si sabes mirarlo. Vamos a enseñarte dónde.
Cómo se lee este Mundial (y por qué casi todos lo van a leer mal)
El formato nuevo no es un detalle administrativo: cambia la naturaleza competitiva del torneo, y quien no lo entienda interpretará mal lo que vea en el campo.
La regla que lo cambia todo: los ocho mejores terceros pasan. De los 12 grupos avanzan los dos primeros y los ocho mejores terceros: 32 de 48 selecciones siguen vivas tras la fase de grupos. Dos tercios. Eso significa que con cuatro puntos estás dentro casi seguro, y que tres puntos con buena diferencia de goles probablemente basten. Consecuencia táctica directa: en la tercera jornada veremos partidos gestionados con calculadora, equipos defendiendo un empate que les clasifica y selecciones grandes guardando piernas. No lo llames especulación: llámalo lectura del reglamento. Y un matiz que casi nadie ha contado: el cuarto criterio de desempate, antes del sorteo puro, es el fair play. Una amarilla tonta en el minuto 90 de un partido resuelto puede mandar a alguien a casa.
Las listas siguen abiertas. Las convocatorias de 26 pueden modificarse hasta 24 horas antes del debut de cada selección, siempre con jugadores de la prelista de 55. Traducción: lo que estás leyendo hoy sobre lesionados puede cambiar mañana, y algún seleccionador está ahora mismo ocultando una lesión para no dar pistas.
El torneo físico más duro de la era moderna. Verano norteamericano, horarios pensados para la televisión europea, y la altitud: Ciudad de México está a 2.240 metros. Quien juegue allí la fase de grupos y luego viaje a nivel del mar (o al revés) afronta una variable fisiológica que ningún Mundial reciente ha tenido. Las ventanas de hidratación van a partir los partidos en cuartos tácticos, como en Qatar pero con más calor diurno. Los equipos con dos onces (Francia, España e Inglaterra) parten con una ventaja estructural que no aparece en el ranking FIFA.
El dato de contexto que ordena los favoritos. Las casas de apuestas llegan al pitido inicial con España y Francia en lo más alto, Inglaterra justo detrás, y Brasil y Argentina un escalón por debajo. Los modelos estadísticos coinciden a grandes rasgos: España aparece en torno al 15-18% de probabilidad de título en la mayoría de simulaciones. Pero los modelos no miden vestuarios, y este Mundial llega cargado de vestuarios con historia. Vamos grupo a grupo.
Grupo A: México, Sudáfrica, Corea del Sur y República Checa
México abre el Mundial contra Sudáfrica, exactamente el mismo partido que abrió el Mundial de 2010 en Johannesburgo. Aquel día el golazo de Tshabalala silenció al Tri; dieciséis años después, México busca la revancha en su casa y a 2.240 metros de altura, la mayor ventaja de campo del torneo. El Vasco Aguirre ha construido un equipo más sólido que brillante, tocado en lo anímico por la rotura de cruzado de Marcelo Flores a once días del debut, y sostenido en lo simbólico por Memo Ochoa: sexta Copa del Mundo a los 39 años, la última de su carrera, anunciada ya su retirada posterior. Ningún portero ha vivido algo igual.
Corea del Sur trae el matiz que casi nadie señala: Son Heung-min juega en Los Ángeles desde 2025. Su selección disputará un Mundial en el país donde él vive y entrena; conoce los estadios, los vuelos, los céspedes. Es la ventaja logística invisible del grupo. Chequia llegó por la repesca de marzo y es el rival que México no quería: físico, ordenado y con un nueve (Schick) que vive de tres ocasiones por partido. Sudáfrica vuelve a un Mundial tras una clasificación seria y con menos miedo escénico del que se le supone.
El partido: México–Sudáfrica, hoy. No por el cartel: por lo que significa abrir tres Mundiales de historia en el mismo estadio. El dato: Ochoa puede convertirse en el primer futbolista en disputar seis Mundiales… durante unos días, hasta que jueguen Messi y Cristiano.
Grupo B: Canadá, Qatar, Suiza y Bosnia
Canadá es cabeza de serie de un Mundial por primera vez en su historia y va a albergar partidos masculinos de Copa del Mundo en su suelo por primera vez. El proyecto de Jesse Marsch corre, presiona y tiene en Alphonso Davies y Jonathan David a la pareja que debe convertir energía en goles. La pregunta honesta: ¿sostiene esa intensidad la presión de anfitrión? Suiza es el contrapeso perfecto: la selección más metódicamente fiable de Europa, clasificada con una solvencia aburrida que en un grupo así vale oro.
Qatar llega con algo que en 2022 no tenía: legitimidad. Entonces jugó su Mundial por ser anfitrión; ahora se lo ha ganado en la cancha por primera vez en su historia. Bosnia, ganadora de la repesca, trae la historia humana del grupo: Edin Džeko, 40 años, vuelve a un Mundial doce años después de Brasil 2014, el único que ha jugado su país. Un delantero de 40 años liderando la línea de ataque de un Mundial no se veía desde otra era del fútbol.
El partido: Canadá–Suiza. El choque de estilos que decidirá el primer puesto. El dato: entre Džeko (40), Modrić (40), Ronaldo (41) y Ochoa (39), este será el Mundial con más cuarentones relevantes de la historia. La generación que no quiere irse.
Grupo C: Brasil, Marruecos, Haití y Escocia
El grupo del torneo, y no es debatible.
Brasil llega con la historia más ruidosa del Mundial: el regreso de Neymar. Ancelotti lo dejó fuera durante toda su etapa, y lo ha repescado para la lista final con condiciones que en Brasil califican de inéditas: pierde la capitanía, pierde el estatus de titular indiscutible y acepta un código disciplinario que incluye limitar su exposición en redes. A los 34 años, jugará su cuarto Mundial buscando lo único que le falta. La cara B: para meter a Neymar, Ancelotti dejó fuera a João Pedro pese a su temporada de 20 goles con el Chelsea. Y el contexto que conviene no olvidar: esta Canarinha terminó quinta en las eliminatorias sudamericanas (con el formato antiguo habría ido a la repesca) y ha perdido por lesión a Militão y a Wesley antes de debutar. Ancelotti, eso sí, dejó una frase que define su gestión: «Yo no tengo deudas con nadie».
Enfrente, el 13 de junio, Marruecos: probablemente el partido de fase de grupos más esperado del torneo. Los semifinalistas de Qatar llegan como campeones de África, pero con un asterisco que arde: perdieron la final de enero en el campo (1-0, gol de Pape Gueye en la prórroga, después de que Brahim Díaz fallara un penalti en el 100′) y fueron proclamados campeones dos meses después en los despachos, cuando la CAF sancionó a Senegal por abandonar el césped en protesta durante la final. Es el campeón continental con el título más incómodo que se recuerda. Futbolísticamente, ojo: llegaron a encadenar 16 victorias consecutivas con su primer equipo, récord absoluto del fútbol de selecciones, y mantienen el bloque de 2022 en su mejor edad. Las dudas físicas de Mazraoui y Ez Abde para el debut son la noticia que vigilar.
Escocia vuelve a un Mundial 28 años después, clasificada con una de las noches más locas que se recuerdan en Hampden (aquel 4-2 a Dinamarca con chilena de McTominay incluida), aunque ha perdido a Billy Gilmour, su metrónomo, por lesión de rodilla. Haití completa el grupo con la historia más conmovedora del torneo: vuelve 52 años después de su única participación (1974) tras una clasificación entera disputada lejos de su país por la crisis de seguridad, sin poder jugar ni un partido «en casa» en casa.
El partido: Brasil–Marruecos, 13 de junio. Apunta la fecha. El dato: Brasil cumplirá en este Mundial 24 años desde su último título (2002). Nunca en su historia había pasado tanto tiempo sin levantar la Copa.
Grupo D: Estados Unidos, Paraguay, Australia y Turquía
Estados Unidos afronta el torneo de su vida con Mauricio Pochettino en el banquillo y una presión que ningún equipo estadounidense de ningún deporte ha sentido jamás: ser anfitrión principal del evento más visto del planeta. Talento hay (Pulisic, McKennie, Balogun, Musah); la incógnita es estructural: esta generación nunca ha ganado un partido grande cuando era favorita.
Turquía es el equipo que nadie quiere mirar a los ojos: vuelve a un Mundial 24 años después (2002, aquel tercer puesto) con la generación de Arda Güler y Çalhanoğlu, llegada en caliente desde la repesca de marzo. Talento por metro cuadrado para incomodar a cualquiera. Paraguay regresa tras 16 años con la identidad de siempre elevada a doctrina: defender como acto de fe. Y Australia vuelve a hacer lo que siempre hace: clasificarse sin ruido y complicarle la vida a algún europeo confiado.
El partido: Estados Unidos–Turquía. Si los anfitriones tropiezan ahí, el grupo se abre en canal. El dato: Paraguay no pierde la cuenta: cada vez que ha pasado la fase de grupos de un Mundial, ha llegado al menos a octavos. Su techo (cuartos en 2010) coincide con su última participación.
Grupo E: Alemania, Curazao, Costa de Marfil y Ecuador
Alemania llega con la herida más reciente del Mundial: Lennart Karl, el chico de 18 años que se había hecho titular fijo con Nagelsmann, se rompió en un entrenamiento y se pierde el torneo. Le sustituye Assan Ouédraogo, otro nombre que recordarás antes de julio. Con Wirtz y Musiala sanos, Alemania tiene el mejor doble enganche del campeonato; su problema histórico reciente )tres Mundiales seguidos sin pasar de octavos como mejor resultado, incluyendo dos eliminaciones en fase de grupos) es mental, no futbolístico.
Ecuador es la elección de los analistas como «el rival que nadie quiere»: segundo de las eliminatorias sudamericanas por delante de Brasil, Uruguay y Colombia, y lo hizo empezando con tres puntos menos por sanción. Con la mejor defensa de la clasificación de su continente, Moisés Caicedo en su prime y Kendry Páez como bala escondida, es candidato serio a ganarle el grupo a Alemania. Sí, has leído bien.
Costa de Marfil llega como campeona de África 2024 y con menos foco del que merece. Y Curazao es, sencillamente, la historia estadística del Mundial: con unos 156.000 habitantes, es la nación menos poblada que jamás haya disputado una Copa del Mundo, destronando a Islandia. Una isla con menos gente que Móstoles, ante Alemania.
El partido: Alemania–Ecuador. Para nosotros, el partido con más probabilidad de «sorpresa que no es sorpresa» de toda la fase de grupos. El dato: entre Curazao (grupo E) y Cabo Verde (grupo H), este Mundial reúne a dos de las tres naciones menos pobladas que jamás hayan jugado el torneo. El formato de 48 ya tiene su legado.
Grupo F: Países Bajos, Japón, Túnez y Suecia
El grupo más equilibrado del Mundial, y el único donde los cuatro pueden mirarse de tú a tú.
Países Bajos es cabeza de serie con asterisco: ha perdido a Jurriën Timber (ingle) ya con el torneo encima, y la sensación de eterno semifinalista moral persigue a Koeman. Japón es el rival que ningún cabeza de serie quería: primera selección del planeta en clasificarse para este Mundial, una generación entera jugando en Europa y un discurso público sin complejos: vienen a ganarlo, y lo dicen en voz alta. Ya tumbaron a Alemania y España en 2022; los Países Bajos están avisados.
Suecia es el equipo más raro del torneo: hizo una fase de clasificación desastrosa, se salvó por la puerta de atrás de la repesca y llega con la delantera más cara del grupo (Isak y Gyökeres) y Graham Potter intentando que el todo sume tanto como las partes. Si encuentra la tecla, es el tapado más obvio del Mundial; si no, primera eliminada. Túnez clasificó con una solidez defensiva de las que ganan terceros puestos de grupo, que en este formato es medio billete a dieciseisavos.
El partido: Países Bajos–Japón. Huele a partidazo desde el sorteo de diciembre. El dato: Japón ha pasado la fase de grupos en los dos últimos Mundiales. Nunca en su historia ha encadenado tres. Su federación tiene declarado por escrito el objetivo de ganar la Copa del Mundo antes de 2050; van camino de llegar antes de plazo.
Grupo G: Bélgica, Egipto, Irán y Nueva Zelanda
Bélgica vive el torneo más extraño de su historia reciente: ya no es la generación dorada ni todavía es la siguiente. De Bruyne, a los 34, lidera un grupo en transición donde Doku y Openda deben tomar el relevo en directo. Los modelos predictivos la dan como clara ganadora del grupo… y no la proyectan lejos después. Esa es exactamente la trampa belga de la última década.
Egipto devuelve a Mohamed Salah al Mundial que se perdió en 2022 y donde apenas pudo competir lesionado en 2018. A los 33, es su última ventana realista, y Egipto entero lo sabe. Irán acumula su presencia más sólida: clasificación temprana, bloque veterano, y la eterna condición de equipo que nadie golea pero que nunca remata. Nueva Zelanda estrena la plaza directa de Oceanía con un dato que nadie recuerda: en su última participación (2010) se fue invicta, con tres empates. Con Chris Wood en el mejor momento goleador de su carrera, no es el rival regalado que parece.
El partido: Bélgica–Egipto. De Bruyne contra Salah, una de las últimas veces. El dato: Salah ha jugado un solo Mundial y llegó lesionado. Este es, en la práctica, el primer Mundial de la carrera de uno de los cinco mejores jugadores de su generación.
Grupo H: España, Cabo Verde, Arabia Saudita y Uruguay
España es la favorita. Lo dicen las cuotas, lo dicen los modelos y lo dice el campo: campeona de Europa, una identidad colectiva que no depende de nadie y a la vez el mejor talento individual del torneo. Rodri ordenando y Lamine Yamal (que cumple 19 años durante el campeonato) como la posibilidad real de que un adolescente decida un Mundial. El matiz que no se cuenta: España llega sin haberse examinado ante un grande desde hace meses; la Finalissima ante Argentina prevista para marzo se cayó del calendario y se quedó sin su gran test. Su primera final será la primera que juegue.
Y el sorteo le puso el examen en la fase de grupos: Uruguay. El España–Uruguay es mucho más que tres puntos: es De la Fuente contra Marcelo Bielsa, el origen intelectual de medio fútbol español contemporáneo midiéndose a su consecuencia. Con Valverde, Ugarte y Araujo en plenitud, Uruguay es el segundo de grupo más peligroso de todo el cuadro.
Arabia Saudita vuelve con Hervé Renard, el técnico del histórico triunfo sobre Argentina en 2022, y vive de esa fe. Cabo Verde debuta en un Mundial siendo una nación de medio millón de habitantes: la tercera menos poblada de la historia del torneo. Su clasificación es de las mayores gestas administrativas y deportivas del fútbol africano moderno.
El partido: España–Uruguay. El mejor partido sobre el papel de toda la fase de grupos junto al Brasil–Marruecos. El dato: si España llega a la final del 19 de julio, Lamine Yamal la jugará con 19 años y 6 días. Pelé ganó la suya con 17; nadie más ha levantado una Copa del Mundo siendo adolescente o recién salido de serlo.
Grupo I: Francia, Senegal, Noruega e Irak
El grupo de la muerte. Sin discusión posible.
Francia afronta el último baile de Didier Deschamps, que ya anunció que este será su final tras catorce años y un palmarés irrepetible. Y lo hace con la plantilla más profunda del torneo: Mbappé de capitán, el Balón de Oro vigente (Dembélé), y por detrás una segunda línea (Doué y Olise que sería titular en cualquier otra selección del mundo. Su fortaleza no es un jugador: es que no necesita a ninguno en concreto.
Senegal es la selección más cabreada del planeta, y lo decimos literalmente: ganó la final de la Copa África sobre el césped en enero (gol de Pape Gueye en la prórroga, con Mendy parándole un penalti a Brahim en el 100′) y la CAF se la quitó en marzo en los despachos, sancionándola por la salida del campo de sus jugadores en protesta durante el descuento. Su apelación ante el TAS no se resolverá hasta después del Mundial. Llega, además, con un bloque que encadenó una de las rachas sin perder más largas del fútbol internacional reciente. Una selección de ese nivel, con esa rabia, en este grupo, es dinamita.
Noruega vuelve a un Mundial 28 años después con la subtrama individual más fascinante del torneo: Erling Haaland, 25 años, el mejor nueve del mundo, jugará el primer gran torneo internacional de toda su carrera. Nunca ha disputado ni un Mundial ni una Eurocopa. Llega tras una fase de clasificación en la que firmó 16 goles, una cifra inédita en Europa. Y el calendario regala el duelo que el fútbol esperaba desde hace un lustro: Francia–Noruega, Mbappé contra Haaland, por primera vez en un gran torneo, en el MetLife de Nueva Jersey, el estadio de la final.
Irak cierra el grupo con su segunda participación de la historia, 40 años después de México 86, ganada en la repesca intercontinental ante Bolivia. Es el rival más débil del cuadro, pero España lo eligió como sparring de preparación por algo: orden, físico y cero complejos.
El partido: Francia–Noruega. Mbappé contra Haaland. No hace falta vender nada más. El dato: Senegal jugará contra Francia (su antigua metrópoli, a la que ya tumbó en el Mundial 2002) con un título continental ardiendo en un tribunal. Pocas veces el contexto extradeportivo ha pesado tanto en un partido de grupos.
Grupo J: Argentina, Argelia, Austria y Jordania
Argentina defiende corona, y lo hace con la noticia que el planeta esperaba confirmada: Messi está. Jugará su sexto Mundial (nadie ha disputado seis) y cumplirá 39 años el 24 de junio, en plena fase de grupos. La versión sin Messi también funciona: la victoria reciente ante Venezuela con Nico Paz, Julián Álvarez y Lautaro a la vez mostró un equipo que genera con cualquier once, y la goleada con Messi ante Puerto Rico recordó lo obvio: con él, todo sube un escalón. La mala noticia llegó esta semana: Balerdi se rompió el sóleo en la concentración y Scaloni tiene hasta el 15 de junio para sustituirlo, justo antes del debut ante Argelia.
Ese debut tiene una carga simbólica que nadie está contando: Argelia llega con Luca Zidane bajo palos. Un Zidane vuelve a un Mundial veinte años después del cabezazo de Berlín, y lo hace defendiendo la portería del país de sus abuelos frente al campeón del mundo. El guion se escribe solo. Alrededor, la Argelia de Petković mezcla la última versión de Mahrez con una generación física hecha en Francia.
Austria es el equipo-laboratorio del grupo: el pressing maquinal de Rangnick ganó su grupo de clasificación con autoridad, pero llega tocado: Baumgartner se rompió en el calentamiento de un amistoso y Rangnick ha decidido jugarse el Mundial con 25 fichas, sin reemplazarlo. Jordania debuta en una Copa del Mundo tras su subcampeonato asiático de 2024, y será el equipo con menos presión de los 48: todo lo que pase es historia.
El partido: Argentina–Argelia, por todo lo que rodea al apellido Zidane. El dato: Messi puede jugar la final del 19 de julio con 39 años y 25 días. Sería el campeón del mundo de mayor edad de la historia, por encima del Dino Zoff de 1982 (40 en su caso como portero; como jugador de campo, nadie se le acercaría).
Grupo K: Portugal, Colombia, Uzbekistán y RD Congo
Portugal llega como campeona de la Nations League (ganada precisamente a España en los penaltis) y con la otra mitad del récord compartido: Cristiano Ronaldo, 41 años, sexto Mundial. La diferencia respecto a los últimos torneos es que esta Portugal ya no depende de él: la genera Vitinha, la rompe Rafael Leão y la remata quien toque. La pregunta de Roberto Martínez no es si Cristiano juega, sino cuántos minutos aguanta el plan sin que la nostalgia lo desordene.
Colombia es el rival con más fútbol del bombo dos: el ciclo de Néstor Lorenzo ha devuelto a James a un nivel de selección que no mostraba desde 2014 y tiene en Luis Díaz al desequilibrio. Su techo histórico (cuartos, 2014) está exactamente a la medida de esta generación. Uzbekistán protagoniza el debut con más proyecto detrás: primera clasificación de su historia, Abdukodir Khusanov ya asentado en el Manchester City y Fabio Cannavaro al frente del banquillo. No es una cenicienta: es un plan de Estado.
RD Congo cierra el grupo con la historia circular más bonita del torneo: vuelve a un Mundial 52 años después de su única participación, cuando era Zaire, la primera selección subsahariana de la historia de la Copa del Mundo. Para llegar tumbó a Nigeria en la repesca africana y ganó su billete intercontinental en marzo. De Kinshasa al Mundial, dos generaciones después.
El partido: Portugal–Colombia. Cristiano contra James y Díaz: el partido más vistoso del bombo uno contra el dos. El dato: si Messi y Cristiano disputan un solo minuto cada uno, serán los dos primeros futbolistas de la historia en jugar seis Copas del Mundo. Llevan compartiendo era veinte años; comparten también el último récord que quedaba.
Grupo L: Inglaterra, Croacia, Ghana y Panamá
Inglaterra llega con el dato más demoledor de toda la previa: clasificación perfecta, ocho partidos, ocho victorias, cero goles encajados. Y con un matiz histórico: Thomas Tuchel será el primer técnico alemán en dirigir a Inglaterra en una Copa del Mundo. El alemán ha hecho con los Three Lions lo que ningún inglés se atrevió: simplificar. Menos debate, más estructura. Kane persigue lo único que le falta a su carrera, y esta vez la palabra «favorito» no les queda grande ni les debería quedar pesada.
Croacia es el eterno problema de cualquier grupo: Modrić, a los 40, decide en estas semanas si este es su último torneo, y mientras decide sigue siendo el cerebro de una selección que ha jugado una final y unas semifinales en los dos últimos Mundiales. Nadie en el siglo XXI ha exprimido tanto un censo tan pequeño. Ghana llega con la paradoja del año: se quedó fuera de la última Copa África y sin embargo clasificó al Mundial con autoridad. Las Black Stars son el tercer equipo más joven del torneo y el más impredecible del grupo. Panamá juega el segundo Mundial de su historia y ya sabe lo que es marcarle un gol a Inglaterra en uno (2018). Lo demás será regalo.
El partido: Inglaterra–Croacia. Revancha de la semifinal de 2018 y probable final anticipada por el primer puesto. El dato: la Croacia de Modrić ha disputado 120 minutos o penaltis en ocho de sus últimas diez eliminatorias mundialistas. Ningún equipo del mundo convive mejor con el sufrimiento.
Las cinco claves que casi nadie está mirando
1. El minuto 75 de la tercera jornada. Con ocho terceros clasificándose, la última media hora de la fase de grupos será un festival de cálculo: equipos protegiendo diferencias de gol, amarillas evitadas por el criterio de fair play, ritmos pactados sin pactarse. El Mundial de 48 se decidirá tanto en las pizarras como en las calculadoras.
2. La altitud es el factor táctico silencioso. Jugar en Ciudad de México (2.240 m) altera la física del juego: el balón vuela distinto, las pulsaciones suben antes, los disparos lejanos ganan valor. Los grupos con sede en altura tienen una variable que ni los modelos de las casas de apuestas saben ponderar bien.
3. La profundidad vale más que el once. Calor, viajes transcontinentales entre sedes, hasta ocho partidos para el campeón. Este Mundial lo ganará una plantilla, no una alineación. Es el argumento estructural a favor de Francia, España e Inglaterra y en contra de los equipos-bloque con nueve titulares intocables.
4. Las listas abiertas hasta 24 horas antes del debut. Cada selección puede retocar su convocatoria casi hasta el calentamiento de su primer partido. Espera anuncios de última hora, lesionados ocultados y algún sustituto saliendo de la prelista de 55 que nadie tenía fichado. La información, esta semana, también es táctica.
5. Los debutantes ya no vienen a hacerse la foto. Uzbekistán tiene un central del City y a Cannavaro. Jordania jugó una final asiática. Cabo Verde y Curazao eliminaron a selecciones históricas para estar aquí. El formato de 48 se criticó como devaluación; los datos de los recién llegados cuentan otra historia.
Siete nombres que vas a googlear antes de la final
Estêvão (Brasil, 19). La puerta que se abrió cuando Ancelotti rehizo el ataque. Si Brasil llega lejos, será en parte porque el chico jugó sin permiso de la jerarquía.
Nico Paz (Argentina, 21). El heredero incómodo: ya titular en la generación de transición, llamado a ser el puente entre la era Messi y lo que venga.
Désiré Doué (Francia, 21). El lujo de la segunda unidad francesa. En cualquier otra selección sería el franquicia; en esta, sale del banquillo. Eso define a Francia mejor que cualquier estadística.
Antonio Nusa (Noruega, 21). Todo el mundo mirará a Haaland y Ødegaard; el desequilibrio noruego por banda se llama Nusa.
Kendry Páez (Ecuador, 19). La perla de la mejor Ecuador de la historia. Si Ecuador le gana el grupo a Alemania (y puede), su nombre dará la vuelta al mundo.
Abdukodir Khusanov (Uzbekistán, 22). El primer uzbeko del Manchester City es el símbolo del debutante con más plan del torneo.
Assan Ouédraogo (Alemania, 20). Entró en la lista por la lesión de Lennart Karl. Las historias de Mundial empiezan así: por la puerta que abre la desgracia de otro.
Nos mojamos: lo que creemos que va a pasar
Esto no es una quiniela tibia. Es nuestra lectura, argumentada, para que dentro de 39 días nos la saques impresa.
Campeona: España. Por la suma que nadie más tiene: la mejor estructura colectiva del torneo y el mejor talento individual del torneo en el mismo equipo, más fondo de armario para un campeonato de ocho partidos con calor. Su riesgo real es la falta de exámenes recientes ante grandes; su primera final de verdad será en eliminatorias. Creemos que la pasa.
Finalista: Francia. La plantilla más profunda, el último baile de Deschamps y la motivación de Mbappé tras Qatar. Una final España–Francia el 19 de julio en Nueva Jersey es el desenlace más probable de este Mundial, y lo firmamos hoy.
Semifinalistas: Argentina y Marruecos. Argentina porque los campeones no se mueren en papel, y este equipo ha demostrado que funciona con y sin Messi. Marruecos porque 2022 no fue magia, fue estructura, y la estructura sigue: nadie quiere cruzarse con el campeón de África, por incómodo que sea su título.
La sorpresa de la primera fase: Ecuador primera de grupo por delante de Alemania. Lo dejamos escrito.
La decepción: Bélgica. Ganará su grupo con comodidad y caerá en su primer cruce serio. Los modelos lo intuyen; nosotros lo afirmamos.
Bota de Oro: Erling Haaland. Primer gran torneo de su vida, un grupo con espacios para correr y un equipo construido para servirle. Llega con hambre acumulada de toda una carrera.
El partido que recordaremos: Senegal–Francia. Historia colonial, la memoria de 2002 y un título continental ardiendo en un tribunal. Si este Mundial va a dejar una noche épica en fase de grupos, será esa.
Hoy por la tarde, cuando México y Sudáfrica salgan al césped del coloso de Santa Úrsula, empezará el Mundial más grande jamás organizado. Durante 39 días vas a leer mil resúmenes, mil titulares y mil polémicas.
Aquí vas a encontrar otra cosa: el partido mirado dos veces. Cada jornada, la mejor pieza que sepamos hacer (crónica, análisis, reportaje u opinión) sobre lo que de verdad pasó por debajo del marcador.
Empezamos hoy. Nos vemos después del pitido final.

